De tus absurdos y tus locuras, el deporte te salva
marzo 19, 2018
Verte bien o sentirte bien?
abril 30, 2018

Y tú, ¿contra quién compites?

Durante la carrera deportiva, sucede un fenómeno, que más allá de ser común, prácticamente todos lo hemos padecido, vamos a llamarlo síndrome de competencia.

¿Cómo es que se inicia? Nunca olvidarás tu primer competencia, de cualquier distancia, de cualquier disciplina, en donde tu objetivo principal era el cruzar la meta, sin importar cuanto tiempo te tomara llegar; por supuesto que además de recordarlo, ya estás sonriendo mientras revives ese momento de gloria que no tiene caducidad, esa emoción siempre podrás revivirla una y otra vez.

Antes que sigas leyendo, seguramente ya estás pensando en lo que vino después: muy bien, ya establecí mi primer marca, ahora debo mejorarla… ¿cierto?

La maravilla del entrenamiento es que conforme hay adaptación a las cargas, mejor se domina la técnica, más se fortalecen el corazón y los demás músculos y los resultados son inminentes sobretodo durante los primeros años de enfocarte en tu práctica deportiva, puesto que es cuando más notables son las mejoras de marcas; en los años posteriores, los minutos que antes reducías se vuelven menos o, en su defecto, segundos.

Dentro de tu equipo de entrenamiento, ya sabes bien en dónde estás ubicado, quién es más rápido y quién más lento que tú, con quién puedes forzarte a mejorar tu paso y con quién puedes platicar a un ritmo suave.

Entonces viene el día de la competencia y te llevas todo tipo de sorpresas: aquel a quien le ganabas esta vez te ganó, o viceversa, y es en ese momento cuando nace este síndrome, que se caracteriza por esa fuerte manifestación del ego en sus dos caras, ya sea la que dice: ¨Qué bueno soy, le gané¨ o la que dice ¨ ¿Cómo me pudo haber ganado?¨.

Si te ganan, comienzas a cuestionarte una y otra vez en qué estás fallando y, si tú ganas, esa motivación eventualmente se convierte en presión por seguir manteniéndote y hasta lograr ser más veloz para ganarles a más contrincantes.

El problema con este síndrome de competencia es que te sometes a un estrés mental que a mediano plazo puede repercutir, tanto en lesiones como en sufrimiento; lesiones porque sin darte cuenta estás sometiendo a tu cuerpo a esfuerzos que ya no puede soportar, y sufrimiento porque ese afán de competencia te desvía de los objetivos reales de tu práctica, que son tu salud física, mental y espiritual.

Debes entender que así lleves un entrenamiento idéntico a algún compañero tuyo de la misma edad y constitución, no tienen las mismas condiciones sociales, laborales ni emocionales, las que en suma hacen una enorme diferencia, la práctica deportiva es sólo un fragmento de lo que te conforma como persona, NO LO FUNDAMENTAL.

La competencia, por ello, tendría que ser contigo, y aún así tú no eres el mismo conforme pasa el tiempo, tus necesidades cambian, también tus inquietudes, lo que forjan las etapas de tu propia vida.

La competencia es una característica inherente de los seres vivos, pero está en ti no volverla una obsesión que te esclavice, no necesitas ese tipo de inconformidades superfluas que estropean tu armonía interna, porque a fin de cuentas, más que tus marcas personales, vas a llevar en tu corazón las experiencias que viviste en torno a tu preparación y a tus competencias mismas, es más, no es difícil que lleves con más orgullo alguna que te costó más esfuerzo y trabajo con un tiempo elevado que aquella en la que lograste el menor tiempo.

Cuando sientas esa comezón querer ser el más veloz, al instante combátela con el sentimiento de respeto y gratitud que le debes a tu organismo, que día con día te permite disfrutar de todo lo que puedes hacer, desde el amanecer hasta el crepúsculo.

 

Ruth Atri

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *